EL MILAGRO DE LA EUCARISTÍA
August 13, 2012 at 13:57

Fragmentos extraidos  del libro "EL MILAGRO DE LA EUCARISTÍA", escrito en 1.999 por Antonio José Gómez Mir, ministro de la Iglesia Católica.
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El que ama lo comprende. Los gestos externos son testimonio de un amor que tiende a manifestarse, que se desborda, el beso de una madre, la caricia de un hijo, los novios que pasean con sus manos estrechadas... ¿se contentarían todos ellos con recibir buenas palabras y promesas de amor? ¿hacen falta mas razones para entender que los gestos externos son fundamentales para seres que no somos puramente espirituales? Cuando se actúa en sentido contrario significa que estamos perdiendo el sentido de la adoración más fundamental. Y esto, desgraciadamente, se constata al entrar en nuestros templos. Recuerda esto la anécdota de aquel joven catecúmeno oriental que después de asistir a la Santa Misa en una parroquia de una gran ciudad le preguntó a su catequista"

¿Realmente esa gente cree que Jesús está presente en las sagradas especies? Porque si es así nadie lo diría por la indolencia y desgana de los que participaban de la Misa".
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Efectos de la comunión en el cuerpo.
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.....El principal efecto de esta influencia del bien del alma en el cuerpo será el sosiego de las pasiones carnales de las que nos hablaban desde la antigüedad los santos padres. Pero de todo esto no sería atrevido deducir que indirectamente incluso la salud material del cuerpo es afectada muy positivamente. Nada contribuye tanto a la salud corporal como la paz y la tranquilidad del alma, o el orden y equilibrio en las pasiones. De la misma manera que el pecado, desorden de las pasiones y tristeza, quebranta de forma decidida la salud no sólo espiritual sino también corporal. No creo que nadie que haya experimentado el estado de pecado y posteriormente el de gracia pueda ignorar esa redundancia del bien del alma en el mismo cuerpo.
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Errores actuales.
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.....Es común oir hablar en no pocas homilías de la Santa Misa como ágape fraterno, fracción del pan, asamblea de hermanos, etc... Pero también poco se habla de la presencia real, de la transubstanciación o del sacrificio. Así pués ¿qué tiene de extraño que haya menguado la reverencia hacia el sacramento de la Eucaristía? ...........y aún sacaremos una consecuencia más de todo este proceso. Es evidente que el elemento ontológico del sacerdocio que responde perfectamente a este cometido. Pero si en el sacramento no hay transformación ontológica de sustancia, sino sólo uns trasposición de significados y finalidades, entonces no es necesaria ninguna peculiaridad ontológica para producirla. Sobran los sacerdotes en tal caso; el sacerdocio común de los fieles se basta para presidir la simbólica trasmutación de significado y finalidad del pan.
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La iglesia reserva en el sagrario las formas consagradas para la comunión de los enfermos y para la adoración de los fieles. Cristo resucitado prolonga de esta manera su sacrificio y su presencia en medio de su pueglo, como si fuese un nuevo tabernáculo. Por eso la costumbre de visitar el santísimo sacramento ca da día o al menos frecuentemente es tan aconsejable. Se trata de pasar un ratyo a los pies del Maestro, presente en la Eucaristía, abriéndole nuestro corazón y dejando así que actúeen nuestra alma. En definitiva, bien se puede decir que esas almas que pasan ratos delante de su Señor en el sagrario o que se unen en tantas iglesias u oratorios para la Adoración nocturna han comprendido perfectamente en qué consiste la verdadera religión.Ese espíritu de adoración es el síntoma más elocuente de la salud de un alma cristiana y amante de su señor.